Padres con Hijos|Primera Infancia

Padres con Hijos:”Convivencia entre Hermanos Parte II”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 23, 2010

2.- La convivencia requiere entrenamiento

“El amor es proporcional a la profundidad de la confianza”.

“Todo amor es el interés del capital de amor que has puesto antes.”

“Ser agradable también exige un entrenamiento.”

Así es como funcionan los sentimientos humanos. Si algo de lo que hace el otro no te gusta, atribuyelo a su incapacidad y entonces se convierte en su problema, no en el tuyo. Lo mejor es un buen corazón en cada niño. Deseemos ayudar a cada niño a desarrollar como habilidad una hermosa conducta.

Además de saber que el trato con los demás es importante, hay que recordar que el conocimiento sólo no nos ayuda a hacerlo servir, si no te entrenas para ser capaz de usarlo.

Una buena experiencia de aprendizaje es intentar hacer, simplemente, en nuestra vida diaria lo que pensamos que es bueno hacer.

El amor es una habilidad. Aunque cada uno de nosotros está convencido de que da amor, ninguno de nosotros se percata de ¡qué pobre e insuficiente es nuestro amor! Hay una amplia gradación en el amor, desde el simple afecto por una muñeca hasta el amor que lo llena todo. Todos tenemos mucho que aprender sobre este tema.

Las relaciones entre hermanos pueden llegar a hacerse complicadas, o lo más corriente, tener momentos de gran dificultad. En esta primera fase de la vida, algunos criterios básicos pueden ser:

  • Entender qué está ocurriendo. En concreto, hay que entender por qué se está portando así el mayor de los dos hermanos.
  • Conseguir que el mayor tenga una situación soportable; es cierto que esto será más así en la medida en que el pequeño se porte mejor.
  • Darle una mayor atención personal -fuera de todo testigo-. El resultado es excelente si esta costumbre la viven por separado, tanto la madre como el padre (incluso si éste lo hace semanalmente, no cada día). A partir de los dos años quizás un poco antes, este tratamiento hay que extenderlo a los demás hijos. La educación es personal y el amor también. El amor más grande es el que se da a solas, con la plena entrega.
  • Evitar exigir al mayor responsabilidades extras. Esta equivocación es muy perjudicial y le crea tensiones internas. Recordemos, como se ha expuesto en otras notas, que es buenísimo dar hermanos a los hijos, pero padre y madre sólo hay uno. Las responsabilidades de los padres deben cumplirlas los padres, no los hermanos ni hermanas. Siempre hablamos de condiciones normales.
  • Los limites o normas de disciplina son iguales para todos y para cada día, sin excepciones. Esto, ya lo sabemos por otra nota, exige que haya pocas pero perfectamente claras, que se refieran a lo básico: comida, sueño, orden e higiene.
  • Evitar toda comparación. Tener una aceptación total de cada hijo como si fuera el único y el mejor. Después de todo lo expuesto en otros textos, vemos que lo que hay que hacer es trabajar, no juzgar, y nunca comparar.
  • Insistimos en los juicios negativos. Las valoraciones que cada hermano haga de sí mismo, no pueden evitarse. Es completamente natural, y puede espolear a la superación. La forma adecuada para que este espíritu de superación no deje de actuar cada día es felicitar por cada obra bien hecha, por pequeña que sea. Cada hijo tiene sus puntos fuertes; hay que tenerlos en cuenta y reforzar estos campos de éxito. Así tendrá más confianza para llegar a superar lo que le cuesta o aquello para lo que no está tan dotado.
  • Promover la ayuda entre hermanos, dando una gran importancia al servicio generoso, es un gran acicate para que los niños comprendan que pueden ser útiles en vez de pelearse. Y un ambiente de normas elementales de convivencia, donde la palabra ofensiva o el mal tono están descartados, será un apoyo para la importante “parte buena” que cada niño lleva dentro de sí.

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto al momento de la convivencia entre hermanos.

Padres con Hijos :”Convivencia entre Hermanos Parte I”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 20, 2010

1. La fuerza del amor

El crecimiento de las familias, tanto en la edad como en el número de individuos que la forman, conlleva una serie de cuidados especiales con el fin de ir asimilando este desarrollo y hacerlo fructífero. La mejora de la calidad de la familia no debe interrumpirse con la llegada de nuevos hijos, antes al contrario, éstos deben contribuir a hacer más firme el círculo familiar.

La calidad de la convivencia de los hermanos entre sí depende, en su mayor parte, del ambiente que los padres hayan creado como norma de las relaciones familiares. Una familia en la que se resaltan continuamente los aspectos positivos de toda relación entre sus miembros, dando suma importancia al espíritu de ayuda, servicio y colaboración y apartando todo tipo de competencias y “proclamación de derechos”, no tendrá problemas serios a la hora de los inevitables brotes de celos, pequeñas envidias, competencia y comparaciones.

Los celos son una consecuencia natural de ese “sentido de la propiedad” que los niños tienen sobre el amor, la atención y la dedicación de los padres a ellos. Si el nuevo hermano es presentado con hechos prácticos como un rival, es lógico que los demás lo admitan como tal. Y se da con frecuencia el hecho de una predilección aparente por el nuevo hermano, que tiene como pretexto su fragilidad, su ternura, su desamparo.

Lógicamente el pequeño necesita muchos más cuidados que los mayores, en lo que se refiere a atenciones primarias. Esto se puede hacer comprender a los mayores de una manera muy práctica: hacerles colaborar en las atenciones al hermanito. Cuando un niño de tres años “ayuda” a la mamá en las pequeñas atenciones al pequeño (acercar la colonia, ponerle el chupete, arroparle en la cuna, entretenerle para que no llore, cantarle, hablarle, vigilarle cuando gatea por el pasillo, etc.), se da cuenta de algo clave en su lucha con los celos: él es una persona importante para que el pequeño llegue a ser tan importante como él, y puedan jugar juntos. De pronto, un niño o una niña se sorprenden de que puedan ser como auxiliares de los papas para sacar adelante la familia.

Pero el amor de los padres, al ser repartido entre más hermanos, no debe disminuir en sus aplicaciones particulares a cada uno de los hijos, sino al revés, perfeccionarse, hacerse más generoso, más transmisible. El equilibrio en la “administración” de las manifestaciones de amor a todos y cada uno de los hijos, es lo que creará un ambiente de sana competencia en el que se descarta toda envidia y toda pugna por sobresalir.

El principio de la individualidad:

Cada hijo exige de forma distinta todo el amor de los padres.

Hará que el amor se manifieste de mil formas pero con igual fuerza en cada hijo. Y como cada uno es distinto, la dedicación de los padres es una “labor de artesanía”, concreta, individualizada, irrepetible.

La fuerza del amor apaga los celos

Por eso, en la familia habrá que cuidar y contrarrestar también aquellas influencias ajenas a los padres, pero que son una realidad: la de los abuelos, de los parientes, amistades que frecuentan el hogar, ayudas de vigilancia, etc. En relación con el capítulo de abuelos, es muy importante que éstos sepan que la actuación de los padres no es una cosa opinable, sino fundamental, y que debe ser secundada por cuantos tienen una relación de sangre, amistad o servicio : ¡cuidado con las preferencias, predilecciones, “debilidades”, padrinazgos absorbentes y exclusivistas, etc.! Un ambiente de verdadero amor debe disimular ciertas inclinaciones naturales que, implícitamente, descalifican: hay que descartar todo lo que pueda aportar envidias. Todas esas expresiones públicas (“¡eres el más guapo de mis nietos!”, “¡tú sí que eres lista, ahijada mía!”, etc.) de entusiasmo particularizado siembran malestar. A los abuelos hay que aconsejarles que se muerdan la lengua y eviten comparaciones.

Cada hijo debe sentirse muy amado por sus padres. Esto espantará muchos celos. En la conversación particular con cada uno de ellos, los padres deben expresar a los hijos que los consideran muy importantes, que de ellos depende el sacar adelante muchas cosas de la familia, que hacen las cosas bien y las tienen que enseñar a hacer a los pequeños, que cuando un pequeñito llora, hay que ver si le duele algo, si está triste, si necesita compañía o si tiene ganas de jugar: todo eso es muy importante.

Algunas formas prácticas de singularización de los hijos:

•     La felicitación por un encargo bien hecho,

•    La expresión de la confianza en una gestión encomendada,

•     El inculcar el sentido de la responsabilidad desde muy pequeños, y un claro sentido de la justicia en el reparto de tiempo y dedicación.

Los celos se desplazan con amor y servicio, y se acrecientan con adulación y caprichos

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto al momento de la convivencia entre hermanos.

Padres con Hijos:”Los primeros años de Vida Matrimonial Parte II”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 16, 2010

3.- La comunicación matrimonial

Cuando dos personas se aman, se tienen en común la una a la otra y eso lleva al diálogo, y ese diálogo exige comunicarse en un trasvase de intimidades. Se trata de un amor que busca conocer al otro, porque el hombre y la mujer se necesitan mutuamente para alcanzar su plenitud como personas.

El tema de la comunicación viene siendo como una “cantinela” a lo largo de todo este blog, pero también lo será en otros posteriores que se puedan realizar y también lo debe ser en cualquier programa de relaciones humanas que se quiera preciar, de serlo de verdad.

La buena comunicación conyugal es clave para la vida matrimonial, pero comunicase bien y con profundidad, haciendo al otro participar de mi intimidad y yo de la suya no es fácil.

Los hombres y las mujeres manejamos las emociones y los sentimientos de diferente manera y eso si se desconoce puede ser un inconveniente para mantener una comunicación de calidad. No debemos ver, en muchas actitudes que nos pueden molestar, actitud o mala voluntad, simplemente hay ignorancia y desconocimiento de cuáles deben ser los parámetros de la comunicación con el hombre o con la mujer con quien he decidido compartir la vida. A lo largo de los diferentes contenidos de este blog, iremos profundizando en las diferentes etapas del matrimonio y cómo hay que enfocar este tema de la comunicación que se nos antoja inagotable.

Pero lo que sí está claro es que: “cuando los esposos transmiten la vida al hijo, un nuevo “tú” humano se inserta en la órbita del “nosotros” de los esposos y eso, indudablemente, repercute en la comunión conyugal.

4.- Cuando llegan los hijos

En un determinado momento de la vida conyugal, de una forma natural y para enriquecer el amor matrimonial, aparece el deseo del hijo. El proceso de la concepción de un hijo y de su desarrollo en el seno materno, su parto, su nacimiento, sus cuidados, etc., ayudan a completar la vida de hogar, creando un nuevo espacio en la vida de la familia adecuado para que la nueva criatura pueda manifestarse como “don”.

Pero este hecho grandioso y natural afecta de una u otra manera a la relación matrimonial y si no se tienen los cuidados oportunos, podría incluso deteriorarla. Existe un estudio interesante que habla de las actitudes que se producen en los hombres y las mujeres es su transición a la paternidad y a la maternidad. Habla de cuatro niveles:

Un primer grupo sería el de aquellos a los que se considera poco implicados (principalmente hombres). Se trata de padres y madres que se sienten poco satisfechos con la nueva situación que les toca vivir, les cuesta aceptar las exigencias del hijo, no existen apoyos conyugales, e incluso a veces, se dan actitudes culpabilizadoras. Suele darse en niveles culturales pobres o en matrimonios cuya relación estaba ya deteriorada antes del embarazo.

Un segundo grupo lo forman aquellos cónyuges (principalmente mujeres) que pasan esa transición en solitario. Los apoyos mutuos son pobres el embarazo se convierte en un suplicio y por todas partes aparece el fantasma de los celos y de las rivalidades en los afectos, los aislamientos son progresivos y la relación matrimonial se deteriora.

El tercer grupo lo forman aquellos padres y madres que tienen una transición moderadamente satisfactoria. Su grado de satisfacción es mediocre porque preocupan más las “ataduras” que traerá ese hijo que las alegrías que reportará. Se da principalmente en un medio urbano, suelen requerir mucho de ayudas familiares y aunque el apoyo entre los cónyuges existe, la participación mutua es pobre y no termina de ayudar en el campo de la comunicación matrimonial.

El cuarto grupo es aquel en el que se da una transición hacia la paternidad y maternidad satisfactoria, es una temporada notoriamente compartida con el cónyuge; suelen realizarla personas que cuentan recursos personales en muchos niveles y se trata de hombres y mujeres que se sienten implicados y satisfechos con su paternidad y en su maternidad.

Es importante tener claro, que el hecho de que aparezcan en el horizonte de la vida conyugal otros “tú”, no puede enturbiar la relación matrimonial que debe ser primordial y ha de mantenerse intacta e incluso enriquecerse más en ese marco de compartir ahora esa intimidad conyugal con alguien que es fruto de nuestro amor.

Es necesario mencionar aquí que todo padre, a pesar de lo que muchas tradiciones mal entendidas nos han venido enseñando, debe coger y zarandear mucho a su bebé. El hecho de participar físicamente, táctilmente, en el desarrollo y crecimiento de los hijos, aumenta su aprecio por la paternidad, lo que ayuda también a amar más a su mujer, y da a los hijos grandes dosis de seguridad y equilibrio afectivo.

De la misma forma, la mujer-madre, ha de aprender a desligarse con habilidad de los lazos que, a veces inconscientemente, se crea a modo de cordón umbilical permanente con su hijo, para dedicar un poco más de atención hacia su marido.

5.- La intimidad matrimonial

Venga quien venga, aparezca quien aparezca, lo que está al principio de toda construcción familiar, es el cariño y el amor que se tienen un hombre y una mujer y eso se genera y se hornea en la vida íntima conyugal.

A los esposos nadie nos suele avisar de lo importante que es para un buen funcionamiento conyugal tratar con máxima delicadeza este aspecto de la vida matrimonial. Entendemos bien lo que significa ser una sola carne, pero a veces no nos percatamos que eso exige también una unión espiritual e íntima que se concreta en mil detalles de cariño, aunque sigamos siendo dos almas distintas y diferentes.

La “desnudez” de nuestros cuerpos y de parte de nuestras almas, tiene que ser algo tan íntimo, tan profundo, tan respetuoso, que exigirá de los cónyuges una delicadeza, un interés y una salvaguarda tal, que nadie, absolutamente nadie, sólo ellos y Dios, deben de participar en ella. Y es así de grandioso porque Dios ha permitido que en un acto de entrega amorosa, dónde se sublima el placer corporal hasta engrandecer nuestras almas, se genera algo tan maravilloso como es una nueva vida humana.

Los matrimonios hemos de ser celosos de nuestra intimidad conyugal; primero para tener más libertad a la hora de expresar en ella nuestra intimidad personal, segundo para que la persona sujeto de nuestro amor pueda conocernos mejor y corresponder a ese amor con mayor eficacia y en tercer lugar para que nadie pueda dañarla ni enturbiarla, porque sabemos que es el alma de nuestra vida matrimonial

Si como dice Aristóteles, “vivir es ser” y el destino del ser es otra persona, porque sólo se es plenamente persona en la relación con otras personas, el hombre y la mujer necesitan de las relaciones interpersonales que se dan en el hogar matrimonial para ser más y mejores personas.

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto a los primeros años de Vida Matrimonial.

Padres con Hijos:”Los primeros años de Vida Matrimonial: Parte I”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 15, 2010

Los primeros años de Vida Matrimonial

La vida matrimonial es, sin lugar a dudas, el entorno de relación personal más íntimo y por lo tanto más sagrado, que se puede dar entre los seres humanos. Ese entorno, eminentemente crucial para la realización de la persona exige un espacio físico, unas directrices para su buen gobierno y unas voluntades que lo creen, lo cuiden y sepan recoger sus frutos.

1.- La vida de hogar

El hogar, que desde un punto de vista puramente material es ese espacio físico, con un techo y unas paredes, en el que es posible vivir una vida, en una segunda concepción, mucho más elevada, es ese entorno que encierra todos los detalles materiales y espirituales que contiene una vida cotidiana. Es algo tan personal, tan peculiar y tan necesario para el ser humano que el hombre, la mujer, y a la larga los que conviven con ellos, lo tiñen de una forma personal, y no sólo los aspectos externos y materiales, sino también los espirituales, los que denotan un estilo y unas formas de vivir que lo hacen singular: mi hogar, “… mi casa”; aquellos aspectos y rasgos personales que configuran mi “modus vivendi” y que son los que a la larga más permanecen en la intimidad y en el quehacer del ser humano.

El nuevo hogar que tenemos que construir, unos días después de nuestra boda, es como un bosque en el que nos apasiona penetrar pero que al mismo tiempo intuimos lleno de peligros y de misterios,… pero no nos importa enfrentarnos a ellos, la ilusión supera con creces las dificultades y nos sabemos preparados para disipar todos los inconvenientes con la fuerza de nuestro amor.

Así habría que mantenerse siempre, pero desde los primeros días de convivencia matrimonial, el hombre y la mujer, a pesar de la alegría que les envuelve para afrontar los avalares de su nueva singladura familiar, empiezan a ser conscientes de que la vida cotidiana, esa vida ordinaria de hogar que hay que construir, va a exigir renuncias, va a exigir mucha comunicación y va a conllevar esfuerzo mutuo.

Los planes trazados y soñados durante el noviazgo, ahora han de ser realidades, y la realidad que siempre se aleja de nuestros sueños, exige en muchas ocasiones el sacrificio de aceptarla tal cual es. Pero además hemos de ser realistas y poner en práctica, desde el primer momento, esa firme voluntad de amar que había implícita en nuestro reciente pacto y compromiso conyugal, poniendo en juego toda nuestra capacidad de comunicación, y transmitiendo mensajes de calidad que aclaren las diferentes situaciones conflictivas que se vayan produciendo.

Uno de los primeros mensajes ¡de calidad! que debemos transmitir es que estamos sorprendidos, Sorprendidos por lo complejo y grandioso que es el ser humano ya que, aunque creíamos conocernos bien, cada día se ha convertido ahora en un sinfín de nuevos descubrimientos de la persona amada: en cuanto al horario de acostarse, al de levantarse, en cuanto a los programas de tv. que le gusta ver, con relación a la poca originalidad de los menús que le gustan, en cuanto a la forma de poner el queso en los macarrones, en relación con el decorado de la casa, con relación al color de la pared del salón, con relación a la forma de tratar a los invitados, a los padres y en cuanto a la forma de mostrarse cotidianamente en su faceta afectiva. ¡Siempre sorprendidos!

Un segundo mensaje que es conveniente transmitir es que mis sorpresas y mis nuevas sensaciones no se quedan en un espectáculo pasivo, sino que las convierto, estoy dispuesta, dispuesto, a convertir esos asombros; primero en aceptación de mi cónyuge y después en acción; en acción positiva que ayude a ir construyendo conjuntamente contigo (que eres mi mujer, mi marido) todos esos detalles que serán, que tienen que ser tu hogar, mi hogar, nuestro hogar.

Y un tercer mensaje ¡de calidad!, que habrá que seguir emitiendo, y éste seguramente durante mucho tiempo, tendría que ser: que yo ya no concibo la vida sin ti, que el hogar que estamos construyendo lo siento mío porque lo estoy construyendo contigo y estoy firmemente empeñada, empeñado, en que siga siendo así.

2.- El hogar substrato de la vida matrimonial

Con la ilusión de saber que ese hogar que estamos construyendo será el marco apropiado para nuestro desarrollo como personas, habrá que crear una habitabilidad que nos permita sentirnos satisfechos del lugar en el que vivimos y conseguir que sea un entorno agradable y habitable para los dos y también para los que puedan ir viniendo.

Para esto habrá que darse cuenta que la vida matrimonial es eso: Vida, y la vida está llena de detalles, de momentos, de situaciones, y de circunstancias que tenemos que cuidar. Si queremos que nuestro matrimonio comience a caminar por buenos derroteros, desde los primeros días de convivencia en común tendremos que cuidar, entre otras cosas, el respeto y la aceptación mutuas, la diligencia y la ilusión en la construcción de ese hogar, la disponibilidad hacia esa persona que ahora comparte conmigo gran parte de su intimidad personal y los mil y un detalles que hacen la vida agradable a esa persona que a partir de ahora vivirá conmigo.

En un hogar acogedor, donde se cuida el detalle y donde se recibe a cada persona con todo el potencial personal que es capaz de dar, es donde la vida matrimonial se convierte en un remanso de paz, en un ámbito de sosiego y descanso y por supuesto en un medio de realización personal, donde el hombre y la mujer encuentran camino para desarrollar su vocación más esencial

Así configurado, ese hogar vendrá a ser intimidad común, lugar de crecimiento personal y crisol de una vida buena, y ese será un rasgo fundamental de vuestro hogar: un lugar donde se vive bien porque hay familiaridad, donde los demás pasan a formar parte de mi intimidad y la mía de la de ellos, un lugar donde se habrán puesto las bases para que venga al mundo una nueva vida.

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto a los primeros años de Vida Matrimonial.

5.- El trato personalizado

“La verdad del bien es más difícil de transmitir y de asumir porque compromete y exige esfuerzo, sacrificio, abnegación, disciplina, don de sí. Lo negativo, por el contrario, sólo requiere dejarse llevar. Personalizar, educar personas: ése es el “antídoto”. (Carlos Cardona, “Ética del quehacer educativo”).

Aquí se trata de que -una vez observada la personalidad de cada hijo y su temperamento, sus crisis, los problemas que le aquejan en este momento etc.,- se dedique un espacio de tiempo -padre y madre, sentados, con lápiz y papel- a estudiar y analizar qué acción educativa debemos emprender para con él. Y después para con ella, y con el otro y la otra y el de más allá. Uno por uno, diferenciándolo de sus hermanos, porque unas son sus necesidades y unos sus anhelos y tiene derecho a que las reconozcamos como únicas y propias de aquel hijo en concreto. Para ello:

Conviene fijar objetivos para cada hijo, cortos, sencillos y fáciles, que no se extiendan demasiado en el tiempo, sin intentar corregirlo todo, pero que se vayan revisando y cumpliendo eficazmente.

Deberá tratarse de objetivos que podamos tener en la cabeza sin gran esfuerzo, que nos salgan naturales al actuar porque ya estamos convencidos de qué son lo que queremos y creemos que necesita aquel hijo.

Por ejemplo, durante el segundo año de vida el niño está especialmente inclinado al orden. Es el momento de corregir al niño por naturaleza más desordenado. Pero no se puede pretender “hacer” un niño ordenado de la noche a la mañana. Hay que empezar por que guarde los zapatos, que cuelgue el abrigo, que lleve la ropa sucia al carrito o actos similares, que sean fáciles y asequibles.

El niño, como ser único e irrepetible, merece ser tratado con el mismo respeto y dignidad con que tratamos a los adultos:

>   No debemos imponer nuestros caprichos en el juego:

- el niño está tumbado en el suelo y su madre le interrumpe para jugar a algo más educativo.

- el niño está mirando las hormigas en el suelo muy concentrado y su padre viene por detrás y le levanta por los aires.

>   Hay que respetar su estado de ánimo; por ejemplo, al niño recién levantado de la siesta no suele apetecerle bromear ni contestar a las preguntas que le hacen.

>   Hay que adaptar la casa para que tengan libertad de juego y puedan explorar y descubrir. ¡También es su casa!

>   No hay que ayudar al niño cada vez que se le presenta un problema: es mejor dedicar unos momentos a explicarle y sugerirle lo que puede hacer para solucionarlo él solo.

6.- La autoimagen

El niño nace con un carácter único y diferente a cualquier otro, pero carece por el momento de identidad. Esta se irá formando poco a poco, por medio de los mensajes que reciba del exterior.

La autoimagen es el concepto de la propia valía, es el sentimiento íntimo del niño que se irá construyendo con los elementos que estén a su alcance: las palabras, el lenguaje corporal y la relación con la gente que le rodea. A la pregunta ¿quién soy?, el niño responderá con la imagen que los demás le han reflejado y se verá de acuerdo con ella. Así que podamos tener un niño inteligente y hábil que aprenda a verse como tonto y torpe, muy al margen de sus verdaderas cualidades, debido a un medio restrictivo lleno de expectativas que él no puede cumplir. Si los mensajes y las impresiones que recibe son negativos, su autoestima será negativa.

Él no cuestiona lo que se le refleja, lo toma como infalible, porque los adultos “son el espejo en el que mira lo que él es, y sólo puede respetarse a sí mismo en la medida en que los otros lo respetan”.

“Modifiqúese la autoimagen y modificará las facultades”. Un niño con una buena imagen de sí mismo será activo, curioso, con sentido del humor, confiado y adaptado. Tendrá la energía y la confianza para plantearse objetivos y perseguirlos: se sentirá incondicionalmente amado y valorado como persona; sabe que de una manera u otra saldrá adelante. Y con cada nuevo éxito su confianza se fortalecerá, creando un círculo infinito. Y viceversa. El niño que se cree, o más bien que le han hecho creer, inútil o incapaz, tomará opciones que le llevarán al fracaso, reforzando de esta manera sus convicciones negativas. Nadie a quien le hayan repetido una y otra vez lo inepto, torpe y feo que es puede tener suficiente energía para lanzarse a la vida con éxito, porque ni siquiera estará contento consigo mismo. Será un niño poco activo, tímido, retraído, hipersensible y lleno de “no puedo”.

Afortunadamente, la autoestima siempre es alcanzable, a pesar de que la formada en los primeros años tendrá siempre una importancia vital. Si hemos dicho que la autoimagen es aprendida, entonces puede ser mejorada. Todo radica en el proceso de su adquisición: de los mensajes que llegan al niño. Reducir las observaciones perjudiciales y aumentar las respuestas encaminadas a mejorar su imagen y estima es el camino cierto.

La base de todo éxito para mejorar la autoimagen radica en el clima afectivo que exista entre el niño y el adulto. Es preciso unir el amor y las técnicas, no sólo con palabras, sino con realidades. Es importante preguntarse: ¿siente y experimenta mi hijo mi amor?.

Para mejorar la autoimagen de tu hijo, puedes:

•    Evitar todo comentario humillante o burlón, por ejemplo:
“Aquí viene Juanito… ¡Qué mal huele!. – El no tiene la culpa.

“Quítate de en medio, ¡Siempre estás en medio!. – Él no sabe dónde vas a pisar.            ”¡Corre!, si no fueras tan lenta habríamos cruzado la calle antes de que cambiara el semáforo”. – Sus piernas miden la cuarta parte de las tuyas.

•    Pedir perdón a tu hijo, aunque sea muy pequeño.

•    Mostrarte contenta/o por tener al niño cerca:

“Qué contenta estoy de que estés conmigo!”

•    Evitar comentarios negativos sobre el niño:

“Qué sucio eres” “Qué patosa eres”

“Lo rompes todo” “Qué malo eres”

•    Evitar toda ironía, que destroza la convivencia.

•    Prohibido ser áspero, gruñón, regañón y sermoneador.

•    Los niños no aprenden del sermón, sino del ejemplo.

7.- Modelos del amor

Amar es dar y recibir. Nuestros hijos aprenden lo que es el amor a través del ejemplo que les ofrecemos y amarán en la misma medida en que han sido amados. Y el nuestro es un amor sin condiciones que sólo se da en el seno de la familia: los amamos tal y como son, seres irrepetibles, inmortales, la plasmación física de nuestro mutuo amor de padres.

Durante los tres primeros años de vida, el niño asimila todo este amor de sus padres y esto le da la seguridad que necesita para toda su vida. Su primer modelo y el más importante es el amor entre sus padres.

El niño tiene que ver que sus padres se quieren.

•Tiene que ver que la persona más importante en casa para mamá es papá y viceversa.

•Tiene que ver que a mamá le gusta agradar a papá.

•Tiene que ver que papá está pendiente de mamá y tantas veces le dice que está guapísima.

• Y por eso salen los papas juntos y dejan a los niños con una “canguro”: los niños comprenden todo esto desde muy pequeños y éste es su modelo de amor.

El niño que vive rodeado de auténtico amor desde pequeño, sabrá amar de mayor, aprenderá que amar es saber dar y saber recibir, poner al otro primero, siempre y en todo y será un niño seguro y feliz.

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto al trato individualizado que realizas con cada uno de ellos.

3.- Tiempo y saber para conocer a nuestros hijos

No hay otra manera de conocer a nuestros hijos que dedicándoles el mayor tiempo posible y, si no disponemos de mucho, con la mayor intensidad de que seamos capaces. Pero no nos engañemos, la “calidad de tiempo” tan de moda en los años setenta, no basta, hace falta “cantidad de tiempo”.

El niño de cero a tres años necesita la presencia del padre y de la madre, su contacto físico. En muchas ocasiones no será necesario estar encima del niño, pues éste requiere tiempo para desarrollar la imaginación y el juego solo; aún así, necesita saber que su madre o su padre están cerca, trabajando en casa, leyendo o atendiendo amistades, pero están. Esto basta.

Y somos los padres los que tenemos que vencer la tentación de pensar: “para estar aquí sola sin que me hagan caso, les dejo con un canguro”, porque los niños juegan bien, felices y seguros precisamente porque mamá está allí, porque saben que si está allí es por ellos e intuyen que el suyo no es un mero estar, sino un convivir, un dedicar, un dar y un ofrecerse continuamente como modelo de MUJER, MADRE Y ESPOSA.

Del mismo modo, el padre es modelo de HOMBRE, PADRE Y ESPOSO y el reto principal para él consiste en encontrar tiempo. Para ello, es de eficacísima ayuda confeccionar un horario familiar: ¿cuántas horas paso con mis hijos y cuántas me gustaría pasar?. Seguro que se pueden aprovechar mejor algunos momentos o suprimir o aplazar otras actividades aparentemente más importantes. Aquí no caben recetas, pues cada familia, tiene su propia personalidad, pero sí nos atrevemos a lanzar algunas sugerencias:

•     Si no se puede llegar antes y estar con los niños por la noche, levantarse antes y desayunar todos juntos.

•     Llevarlos al parvulario o recogerlos un día a la semana.

•     En vez de practicar deporte los sábados a las once, probarlo a las nueve… o a las ocho para tener toda la mañana para la familia.

•     Bañar a los bebés.

•     En vez de leer el periódico por la mañana, cuando los niños están llenos de energía y ganas de jugar, leerlo por la noche.

•     Respetar el horario y los gustos del niño al hacer un plan familiar. Los niños no disfrutan con las mismas actividades que nosotros (pasear en coche, ir de compras, tomar el aperitivo…).

•     Evitar las prisas: el niño no tiene noción del tiempo.

“     Respetar la siesta de los bebés para que se comporten luego como uno quiere.

Y muchas otras más que cada familia tiene que buscar y encontrar. A veces requiere sacrificio, pero así les demuestras tu amor.

4.- Escuchar a nuestros hijos

El interés por los hijos, la amistad con ellos, exige esfuerzo. No nos podemos detener en la natural preocupación por su salud. Hemos de descubrir ese otro mundo interior en que se fraguan las decisiones audaces o las cobardías, el talante generoso o el egoísta. Y hemos de hacerlo escuchando los silencios interiores de nuestros hijos, todo aquello que expresan sin palabras: una mirada interrogante, una sonrisa de ánimo, una simple palabra de consuelo. Los hijos confían en sus padres cuando los ven cercanos, asequibles, dispuestos a interesarse por cuanto les pasa.

No basta, aun siendo presupuesto necesario, con estar con los hijos, hay que saber estar y, sobre todo, saber escuchar. Si quieres averiguar lo que realmente siente y piensa tu hijo, deja de hablar y ponte a escuchar.

¿Cómo hay que escuchar a nuestros hijos?: hay que descartar toda escucha negativa, y lo es:

•    La excesivamente emotiva (por excitación, ira, decepción) que no es sino sordera interior.

•    La escucha rechazadora (cuando ya hemos decidido de antemano que no vale la pena escuchar lo que nos dicen :”no digas bobadas”).

•     La escucha sentenciosa (cuando buscamos pronunciar sentencia sobre el hijo que habla : “no ha sido sin querer, siempre haces lo mismo”) .

•    La escucha distraída (cuando se intenta escuchar y hacer algo al mismo tiempo. Hay que decidir: o es más importante lo que nos cuenta nuestro hijo y dejamos lo que hacemos, o no lo es y le explicamos que ahora no podemos escucharle. Es peor la indiferencia).

La escucha positiva tiene unas características bien distintas:

•     Se abstiene de toda crítica, por lo menos hasta después de haber comprendido perfectamente lo que         quería decir y haberle dejado explayarse. Si se interrumpe críticamente, se inhibe el que habla.

•    No le importan los silencios. El silencio atento, sin prisa por llenarlo, con el contacto ocular y una expresión cariñosa transmite seguridad y proporciona la tranquilidad y el tiempo suficientes para que se exprese bien.

•    Observa la expresión del niño, la dirección de su mirada, sus gestos, su postura.

•    Acepta de buen grado los errores (los ajenos y los propios).

•    Reconoce los sentimientos del niño y no los resuelve siempre quitándoles importancia con un “no te preocupes”, sino que invita a hablar y a enfocar serenamente el problema (para el niño “el único problema”).

“    Mientras escucha utiliza el lenguaje corporal para alentar a seguir, asiente con la cabeza, sonríe, mira a los ojos …

No se pierde entonces el tiempo. Y hace falta gastarlo con ellos si se quieren compartir (o simplemente conocer) los gustos y aficiones. Hay que utilizar un lenguaje sencillo, asequible, que una y no separe, jugar con ellos, con cada uno de ellos, buscar “apartes” en que se les conozca uno por uno, reír sus gracias, gastarle bromas … y todo con los cinco sentidos puestos para descubrir el más mínimo gesto. Continuará ……

Decir que todos los hijos son distintos es una verdad que cualquier madre o padre tiene ocasión de comprobar hasta la saciedad. Tal vez por esto se ha dicho que “la verdadera igualdad consiste en tratar desigualmente a quienes son desiguales” . Y, en cierto modo, así es.

Se deben transmitir a todos los hijos los mismos principios y proponer los mismos bienes como metas, pero de diferentes modos, porque la educación no se hace en general, hay que concretarla a cada niño.

1.- La herencia y el niño

Podemos decir que lo que el niño trae al nacer, la herencia, pone el límite de sus logros, pero no garantiza un nivel determinado en ellos. Un niño que nace con una lesión cerebral no puede alcanzar el mismo nivel de un niño cuyo sistema nervioso central está intacto.

Lo que es seguro es que el niño que está en las mejores condiciones físicas y neurológicas puede no alcanzar los niveles corrientes de competencia, no digamos ya los óptimos, a menos que viva determinadas experiencias.

Y aquí entra el papel de los padres, pues son ellos quienes deben facilitárselas, con los complementos -no suplementos- que hagan falta, (preescolar, parientes, canguro…)

Esta es la responsabilidad de quienes tienen el derecho-deber-gozo de educar a sus hijos: la de procurarles las mejores experiencias, sobre todo en los primeros años de vida, independientemente del potencial que el niño pueda haber heredado.


2.- Aceptar a los hijos como son

La primera condición para poner en práctica con éxito una educación personalizada es aceptar a nuestros hijos como son. ¿Cuántas veces nos empeñamos los padres en que nuestros hijos sean como a nosotros nos gustaría, “a nuestra medida”? No debe extrañarnos que no respondan a la imagen que nos hemos hecho de ellos. Los padres han de guardarse de la tentación de querer proyectarse indebidamente en sus hijos.

Así pues, la relación con los hijos, el entendimiento con ellos se ha de basar sobre el pilar firme e inconmovible de una aceptación general y sin condiciones. Para ello, se deben descubrir los talentos, su singular forma de ser, junto con sus limitaciones y posibles defectos. Aceptar todo esto de modo incondicional y permanente es poner las bases para un entendimiento mutuo.

Aceptarlos no será resignarse si no saber de dónde partimos para fijar con claridad a dónde podemos llegar. Es importante que conozcamos cómo es cada hijo para que, alentándolo en lo bueno, no le engañemos haciéndole creer que tiene unas cualidades distintas o unos talentos que no recibió.

En definitiva, hay que hundir las raíces de esta aceptación y amor incondicionales en la profunda convicción de que es una persona irrepetible, con un ser único y un alma espiritual que marca todas y cada una de sus acciones, con independencia de que sea más o menos listo, simpático o introvertido, alto o bajo. Continuara….

Padres con Hijos:”El niño y su entorno próximo: Caso Las Tres Amigas”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 8, 2010

Las tres amigas

Aprovechando que mi marido estaba de viaje y los cuatro mayores en casa de los abuelos, telefoneé a mis amigas Sara y Caty para encontrarnos en mi casa y hablar sobre un pequeño negocio doméstico que llevamos entre las tres desde nuestros propios hogares. En una hora terminaríamos el trabajo. Nos encontraríamos a las cuatro y ambas traerían a sus respectivos hijos Cristóbal, de veinte meses y Patricio, de dos años.

Mientras llegaban, yo preparé el cuarto de estar, con la “ayuda” de mi hija María, de tres años, para que los niños que iban a venir pudieran sentirse a gusto: saqué dos o tres juguetes sencillos de los que guardo cuando los mayores ya no los usan, comprobé que estaba la ventana bien cerrada, y me dirigí a María, que estaba jugando con Oscar, de seis meses.

- Ahora vendrán dos niños que se llaman Cristóbal y Patricio con sus mamas. Enséñales tus juguetes, juega con ellos y llámame siempre que lo necesites, pero nosotras estaremos trabajando. A Oscar le pondremos en el corralito ése tan grande que le regaló el abuelo, para que no tengas que ocuparte de él y puedas jugar con los amiguitos que van a llegar enseguida.

Le di un beso y le dije sonriendo: “Graciaspor tu ayuda, María”.

Puntualmente llegaron Caty y su hijo Patricio en el autobús que deja a tres minutos de casa. Apenas me saludó, tomó al niño de la mano, le dijo quién era yo y fuimos a ver a María y a Oscar. Yo les enseñé el cuarto de estar, el cuarto de baño y la cocina. Caty entregó a Patricio unos libros de cuentos, un juguete y poniéndose a su altura y mirándole a los ojos, le dijo:

- Mientras Elena y yo hablamos, tú estarás aquí jugando con María. Aquí está el grifo del agua, por si tienes sed, y un taburete. María jugará contigo y compartiréis los juguetes. Si necesitas algo, pídemelo, aunque yo esté hablando

con Elena y Sara, que vendrá también con otro niño que se llama Cristóbal. Te voy a decir una cosa, Patricio: ¡Estoy muy contenta de que hayas venido a acompañarme a trabajar con mis amigas!

A Caty le extrañó ver a Oscar en el corralito. Le miró con pena y se dirigió a mí con cierta diplomacia:

- ¿No estaría mejor el pequeño jugando con los demás, Elena? El corralito, aunque sea amplio como éste, limita los espacios de los bebés….

Yo le dije sencillamente “quizá tengas razón” y pasamos a lo nuestro.

Llevábamos media hora trabajando cuando llegó Sara, sofocada, tirando materialmente de Cristóbal, que lloriqueaba y se arrastraba por el suelo del vestíbulo. Por todo saludo empezó a gritar:

- ¡Este monstruo!. Me he tenido que bajar del autobús para no dar un espectáculo y he venido en taxi. Anda, hijo, ve a jugar con los demás y déjanos unos momentos en paz…

Entre hipos, Cristóbal ha intentado decir algo a su madre pero, ante el desinterés de ésta, se ha reunido con los niños a regañadientes.

A los pocos minutos, las tres mamas hemos tenido que intervenir en una pelea, de la que parece ser el causante Cristóbal, que ha desbaratado un castillo y ha arrancado la cabeza a una muñeca. Sara le grita, le da unos azotes y le amenaza:

- Es la última vez que te llevo a ninguna casa. Si no fuera porque tenemos trabajo, ahora mismo nos iríamos. ¡ Vaya espectáculo, hijo!

El niño parece querer defenderse, sin resultados.

Hemos tranquilizado a los niños y volvemos al trabajo, pero Sara está a punto de perder los nervios. La tranquilizamos. En un momento en que Caty sale, Sara se desahoga conmigo:

- Es que estoy muy sola, Elena. Juan no para en casa de tanto trabajo que tiene. A veces dejo al niño jugando y salgo a la calle a hablar con alguien, porque en mi casa hay demasiado silencio. Y ya ves cómo obedece esta especie de ardilla que no para nunca. Voy a hablar con Juan, porque creo que este hijo mío necesita un psicólogo: no obedece ni con amenazas ni con castigos. ¡Qué suerte tenéis vosotras! Y tú, Elena ¿cómo puedes tener la casa tan arreglada con seis hijos? ¡Qué envidia me dais! ¡Os han tocado unos ángeles en el reparto de hijos…!

Hemos terminado el trabajo como hemos podido y nos hemos acercado al cuarto de juegos. Encontramos a los cuatro sucios, con las manos pegajosas de caramelo y el suelo sembrado de envoltorios.

- Se me olvidó decirle a Cristóbal que guardase los caramelos que le compré para que se estuviera quieto en el taxi. ¡Vaya casa que te ha puesto este cochino! Perdona, Elena, pero ya sabes lo que son los niños a estas edades…

Y luego, cambiando el tono, me ha dicho:

- Por cierto, a ver si me ayudas a poner mi casa tan ordenada como la tuya. Yo creo que me sobran muebles y al niño no le queda espacio para jugar. Pero yo necesito el cuarto de huéspedes, aunque sólo se abra de tarde en tarde. ¡Complicaciones de nuestra sociedad! Juan, que es muy impulsivo, me dice que un día echará por la ventana todos los tiestos que llenan por completo la hermosa galería que se abre al cuarto de estar. Pero sería una pena, porque parece un verdadero jardín. Y que subirá medio metro todos los chismes que hay sobre la cómoda y las estanterías de la biblioteca para que el niño no los rompa….

Cuando Sara ha salido por la puerta, Caty, un tanto nerviosa, me ha confesado:

- Mira, Elena, creo que estamos perdiendo el tiempo lamentablemente en vez de trabajar. ¿Qué hemos hecho hoy? Asistir a un espectáculo lastimero y desagradable.

Yo he intentado convencer a Caty de que Sara está desorientada, no sabe qué actitud tomar ante el trabajo y son muchas las dificultades que ella misma se crea por falta de orden:

- Sara tiene hábitos que ha de desterrar, pero esto no se logra en cuatro días. Si nosotras trabajamos bien, ella se irá contagiando poco a poco del buen ambiente que queremos en nuestras reuniones…

- ¿ Tu crees que va a cambiar por vernos a nosotras hacerlo de otra manera? -me ha objetado Caty.

- Lo importante es que se dé cuenta de que la educación es trabajo, el orden es trabajo, la organización de la casa es trabajo… Hay que tener paciencia. Un día encontrará el gusto a hacer las cosas bien, ya verás.

Hemos quedado para el miércoles a la misma hora. María me ayuda a despejar “el campo de batalla” sin darle más importancia. Para que la niña no se desanime, vamos cantando canciones, haciendo trabalenguas, jugando a adivinar cosas…

Cuentame que problemas has detectado para este caso, que soluciones le darias y al final dame tus conclusiones. Yo personalmente te estare respondiendo y te indicare tambien cuales son los problemas que he detectado, las soluciones que daria a estos problemas y tambien te dare mis conclusiones.

Padres con Hijos:”El niño y su entorno próximo Parte III”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 6, 2010

El ambiente familiar

C.- El entorno afectivo

Estaremos creando un entorno afectivo, bueno y enriquecedor alrededor de nuestro hijo, cuando él se vaya dando cuenta de que el cariño que le transmitimos, con sus vínculos afectivos y sus exigencias en el ejercicio de la autoridad, son ambos por su bien y no para complacer sus caprichos, o para fastidiarle.

No hay que confundir el afecto con el mimo, es decir, aquellas acciones que convierten al niño en caprichoso o maleducado, con esas otras que es necesario tener para que se sientan protegidos, queridos y seguros.

El cariño exige en muchas ocasiones el contacto físico, la carantoña, el achuchón o el reconocimiento auténtico y ostentoso, en otras la exigencia y la riña, pero en ambas situaciones hay que saber ser también prudente, ya que el abuso de estas prácticas tan edificantes para los niños, puede hacerles perder el sentido claro de los abrazos, de los limites y de las exigencias que se le deben concretar.

La exigencia que debe existir por parte de los padres hacia los hijos, que no está reñida bajo ningún concepto con el cariño, ni supondrá quererles menos, debe ser clara, suave y firme, y no supondrá pérdida de autoridad si les razonamos el porqué de las cosas que se le exigen, ¡a su medida!, si les avisamos con antelación y si cumplimos el castigo que tenemos establecido si no obedecen.

A la hora de castigar, hemos de analizar los hechos con detalle, avisar dos o tres veces ante nuevas circunstancias y, por lo general, no pegar, sino que buscar un castigo relacionado y proporcional a la falta que realmente les fastidie y les obligue a cambiar de actitud. Pegando de forma continua, lo único se consigue a medio y largo plazo es una pérdida de autoridad, una falta de confianza y una imposibilidad de ascendencia con los hijos.

Por último, hemos de evitar motivar con premios materiales ya que han de llegar a hacer las cosas bien por el placer que comporta hacerlas, por la felicidad que nos dan a los padres y, en definitiva, porque les da la gana. Premiar una acción buena con algo material (como caramelos, regalos, etc.) es totalmente contraproducente, ya que les introduce en un consumismo sin límites que a la larga se vuelve contra nosotros y les hace ser dependientes y poco generosos.

A modo de resumen diremos que para crear un entorno familiar que permita la educación de los sentimientos hemos de tener claro que:

•    La educación debe hacerse en positivo, fijándonos más en aquellas acciones buenas que ellos realizan, en lugar de regañarles continuamente por lo que hacen mal.

•    Es necesario fomentar la autoestima del niño, a base de proponerle metas asequibles que le supongan un poco de esfuerzo y reconocerle después sus pequeños éxitos.

•    Habrá que responsabilizarle, cada vez más, de la calidad de sus repuestas, de pequeños encargos familiares y de todo tipo de colaboraciones en el hogar correspondiendo así a su normal deseo de ayudar.

•    Tendremos que escucharles y responderles siempre al nivel que necesiten para que puedan entender, de forma que puedan comprender muchas cosas sin mentirles, puesto que aunque no lo parezca, entienden mucho más de lo que a veces nos pensamos.

•    Será imprescindible fijar unas normas y unos límites que les sirvan de guía en sus comportamientos, haciéndoles ver que están fijados para que les sea más fácil hacer las cosas y que si nos los cumplen podrán tener un castigo.

•    Necesitan que les dediquemos tiempo, tiempo de calidad por supuesto, pero también un mínimo de cantidad. Es necesario poder jugar con ellos, porque su vida por ahora es juego y es eso lo que más les gusta, y el juego es el mejor medio a nuestro alcance para ir formando su incipiente personalidad.

Algunos de los logros que se suelen alcanzar con los hijos cuando el entorno afectivo, intelectual y material ha sido cuidado por los padres, pueden ser:

•   A los dos años el niño come de todo, controla sus esfínteres y sabe escuchar.

•   Se expresa con claridad y se hace entender en casi todas las situaciones.

•   A esa edad no suele usar chupete ni el dedo pulgar para dormir. Además duerme de un tirón toda la noche y se levanta seco. Tampoco pide acostarse en la cama de los padres durante la noche.

•   Normalmente ya no tiene rabietas porque nunca se le hizo caso cuando las intentó tener.

•   Se mueve con soltura y domina los espacios de toda la casa, sabiendo cuales son los espacios que puede emplear para desarrollar sus juegos.

•   Se divierte con los juegos y agota muchas de sus posibilidades y aunque le cuesta recoge algunas cosas.

Si tú y tu esposa(so) estan comprometidos a sacar adelante con singularidad y coherencia su propio proyecto y modelo familiar, dejame tus comentarios e inquietudes, cuentame cuales son tus problemas y frustaciones al momento de educar a tus hijos con respecto al entorno próximo de tu hijo.

Padres con Hijos:”El niño y su entorno próximo Parte II”

Posteado por: padresconhijos1 en: noviembre 4, 2010

El ambiente familiar

B.- El entorno intelectual

La estimulación del lenguaje

La mayor parte de la habilidad lingüística es adquirida entre los seis y los treinta y seis meses de edad. En el tercer aniversario, más del 75% de las actividades lingüísticas básicas del niño, están ya presentes. De poco le sirve ser muy inteligente si después no sabe expresar sus ideas con un buen uso de las palabras. La importancia del lenguaje para el desarrollo intelectual es crucial y sabemos que el periodo en el que el cerebro está mejor dispuesto para adquirirlo es durante los tres primeros años de vida.

Para desarrollar el lenguaje, que se aprende por imitación auditiva y visual lo que mejor se puede hacer es hablarle mucho, con claridad, con inflexiones leves pero continuas en el tono y con una gran riqueza en el uso de las palabras desde el primer momento. Algunos ejemplos pueden ser:

•      Hablar mucho diariamente con ellos.

•      Utilizar un lenguaje preciso, sin repetir sus incorrecciones.

•    Leerles y contarles cuentos.

•    Enseñarles palabras escritas.

•      Hacer las comidas juntos en ambiente distendido y comunicativo.

•    Enseñarles poesías, canciones, trabalenguas…

•      Darles información abundante y precisa de objetos, imágenes y palabras.

•      Dar con ellos paseos educativos.

Esta última sugerencia merece alguna explicación. Entendemos por “paseo educativo” aquél que consigue “pasear aprendiendo y aprender paseando”. Consiste en aprovechar los paseos, idas y venidas (por la casa, la calle, el jardín) para ir designando todo lo que se ve por su preciso nombre: chopo, ciprés, pino, roble; y llamando la atención del niño sobre los diversos objetos, con lo que desarrollará no sólo el lenguaje, sino también su curiosidad intelectual y su capacidad de observación. Es conveniente no hacer de una actividad lúdico-educativa una constante evaluación, pues ello retraerá al niño: debe hacerse con espontaneidad y libertad.

La estimulación del oído

Los niños desarrollan su capacidad auditiva desde cuatro meses antes de nacer. Oyen y están especialmente dotados e inclinados al aprendizaje auditivo hasta los dos o tres años. A partir de esta edad el esfuerzo es mucho mayor para aprender lo mismo.

Conviene ir acostumbrando su oído poniéndoles música adecuada desde que nacen y aun antes de nacer, no sólo para cultivar su gusto por la música, sino porque con ello se favorece el desarrollo global de la inteligencia y los aprendizajes.

Escuchando música:

•    Desarrollan el sentido auditivo.

•     Se facilita el aprendizaje de otros idiomas.

•    Se favorece la capacidad de escuchar y la discriminación auditiva.

•    Se cultiva la sensibilidad estética del niño y su gusto por la música.

•    Se crea un clima adecuado para la interpretación musical, la expresión personal y la creatividad.

Conviene ir escuchando la misma pieza musical durante un tiempo.

La estimulación de la lectura

Un hábito que se inicia a muy temprana edad fácilmente es el de la lectura. La lectura es de gran importancia para el desarrollo total del niño: fomenta la creatividad y la imaginación, desarrolla la concentración y la síntesis, amplía la memoria y la capacidad intelectual, facilita el aprendizaje de idiomas, etc.

Empezaremos de muy pequeño leyéndole un cuento cada noche en la cama antes de dormirse. El mismo cuento durante una semana como mínimo, día tras día, semana tras semana. Entre los dos y tres años memorizará rápidamente el cuento palabra a palabra y será capaz de corregirnos si nos olvidamos una palabra o nos saltamos una línea.

Seguiremos más adelante leyendo el cuento con él, siguiendo las letras y palabras y observando los detalles de los dibujos. Poco a poco habrá cogido ya el hábito de mirar los cuentos, al principio los dibujos únicamente. A medida que vaya aprendiendo a leer disfrutará siguiendo los textos. Con el tiempo pasará del cuento al cómic y de éste a la novela.

Continuara…….

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